Me levanto despacito, desentumezco mis piernas, mis brazos y mis manos y alzo mi rostro para encarar un nuevo día. Abro el espejo y me miro en él: las mismas ojeras mortecinas, los mismos ojos vidriosos, los mismos labios agrietados y las mejillas sin vida. Me palpo los ómulos para encontrar algo, algún rastro de color que me verifique que estoy vida. Lo único que me noto es el pulso, fuerte y regular sobre la carótida. Al menos estoy viva, al menos ya es algo.
Escucho el despertado cómo araña el amanecer con ese sonido tan penerante, que retumba cada uno de los muros de la casa y derrumba la única esperanza de que sea fin de semana para volverme a dormir. Es lo único que ahora quiero, adormilar mi cabeza, adormentar mi pensamiento, para que no me atormente más, para que me deje escapar.
Después de vestirme, de cubrir cada una de las delicadas partes de mi cuerpo, ajadas y melladas, me acuerdo de ella, de la muñequera. Nunca salgo de casa sin ella, siempre la llevo encima pues todo el mundo pregunta, todo el mundo quiere saber qué es lo que pasó dentro de mi cabeza para querer hacer eso. En realidad no pasó nada, lo único que quería es que me prestasen un poco de atención.
Vuelo mi vista al espejo, esta vez del cuarto de baño, y saco la caja de colorete, saco la base de maquillaje para darle algo de color al alma. Dime por favor, ¿cómo se le pone una tirita al alma? Dime por favor, ¿cómo se le puede dar color? Ojalá se inventaran una caja de acuarelas hechas con la alegría de la gente que sirviera para colorear tantos corazones heridos, tantas aquellos cuerpos que, aún latiendo, se encuentran sin vida arrastrando los pies por la ciudad. Dime por favor, ¿cómo se dibujan las sonrisas?
Tras terminar de recoger cada uno de los pedacitos de mis pensamientos bajo corriendo las escaleras y de nuevo me encuentro con lo mismo: el silencio. No hay nadi en casa. Ese silencio tan atronador me acompaña todas las mañanas, todas las tardes, todas las noches, siempre. La elocuencia del silencio me recuerda que estoy sola, que en esta ciudad sin gente la única que prima soy yo, yo y mis recuerdos, recuerdos de una vida gloriosa y pletórica en donde todavía yo no era la protagonista. Siempre recuerdos, los recuerdos son la parte de nosotros que es dolorosa. Dolorosa, sí, todos los recuerdos son dolorosos. Son dolorosos los malos recuerdos porque al recordarlos te invado la tristeza y el dolor de todo aquello por lo que pasaste. Y son también dolorosos los buenos recuerdos pues, la recordarlos, te das cuenta de que nunca volverán. Aunque, como dijo un gran cantante, al lugar donde has sido feliz nunca quieras tratar de volver...
Ring. Ahora el teléfono. Lo miro de soslayo sin ganas, y me doy cuenta de que empieza la rutina, las mismas cosas de siempre. Llamadas desde el trabajo que demandan cosas sin ni siquiera preguntar si serás capaz, siempre suponiendo, siempre PREsuponiendo. Llamadas de amigos, con problemas familiares, con problemas de pareja, con problemas laborales, con problemas económicos. Llamadas de empresas, ofreciéndote un mejor teléfono, una mejor conexióna Internet, un mejor coche, un mejor seguro... todo siempre mejor y al alcance de tu mano.
Desde pequeños nos han educado que hay que vivir para conseguir la felicidad, ¿pero qué es la felicidad? ¿Es acaso el no tener problemas, o el conseguir las destrezas para poder solucionarlos? ¿Es tener un mejor coche o vivir con la esperanza de tener un coche mejor? ¿Es no trabajar o trabajar pensando que algún día no tendrás que hacerlo? ¿Es amar o vivir pensando que alguien te ama? ¿Es sonreír o tener la certeza de que estás dispuesto a hacerlo? ¿Qué es lo que queremos? ¿Queremos ser felices o más bien vivir con la certeza de que algún día lo seremos?
El tiempo es algo coherente e incoherente a la vez. ¿ Qué es? Según los refranes es maravilloso. El tiempo lo cura todo, el tiempo lo dirá, el tiempo proveerá, el tiempo... el tiempo es ese señor mayor que todo lo sabe, que todo lo da, que reconoce el esfuerzo a todo aquel que se esfuerza y que recompensa a todo aquel que tiene algún problema. SIn embargo el tiempo es traicionero pues, a pesar de que es él el que da la felicidad, nunca se sabe cuando. En realidad no importa, pues las sorpresas son las que nos evaden de la monotonía y nos hacen darnos cuenta de que la felicidad se centra más en los pequeños detalles que en las grandes hazañas, ¿o eso no es acaso felicidad?
Salgo a la calle con la maleta en la mano, las gafas de sol puestas y la mirada hacia el cielo, dispuesta a buscar la felicidad. Hoy la encuentro en la taza de café con leche que me ha traido un compañero. También la he encontrado en un paquete de correo que me ha llegado con una compra de Internet. También la encuentro en la sonrisa de un niño por la calle. Y finalmente la he encontrado en el beso de un hermano al que hace años que no veo. Pero aún después de encontrarla tantas veces todavía me pregunto, ¿es eso acaso felicidad?
Vuelvo a casa. me quito el maquillaje despacito y me siento delante del espejo de la habitacióna descansar. El olor a incienso me invade y me transporta hacia un mundo inventado, en donde ni yo soy yo ni los sentimientos son amargos. Disfruto de cada momento y hago un recuento de todos los momentos de felicidad que he vivido hoy. Cuando termino, abro los ojos, voy a la cocina y cojo 7 bolitas de caramelo de aní de un bote de latón que tengo en un armario. Sonrío y, acto seguido, voy a la mesita de noche que hay junto a mi cama y saco un bote de cristal. Es un bote no más grande que una botella de un litro de agua, pero en el cristal están talladas unas delicadas flores de cerezo. Sonrío de nuevo y meto las bolitas de anís en el bote, juntándose con sus compañeras.
Comencé hace tiempo a juntarlas porque estoy segura de que, las mágicas bolitas de anís que simbolizan la felicidad llenarán el bote. Y cuando el bote esté lleno podré decir sin temor a equivocarme que soy felíz. Y entonces desaparecerán las ojeras de mi cara, desaparecerán las marcas de mi cuerpo, desaparecerá el dolor de mi corazón, las lágrimas de mis ojos y la pena que me invade por culpa de la soledad.
Cuando el bote esté lleno todo eso desaparecerá, porque eso es la felicidad ¿no?
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contemplative - Music:Linkin Park-. Shadows of the day
Sólo Dios sabe que ahora me face falta algo que me escuche, algo que me comprenda y algo que me alivie en estas horas solitarias en las que no hay nadie tras el teléfono, o al menos ese alguien que quiero que esté.
Esto es somewhere I belong, como bien dijeron en su día los Linking Park. Esta página siempre ha sido el refugio de mis miedos, mis paranoias y mis problemas, y eso es lo que quiero que siga siendo. Aún así, y como no quiero guardar ningún recuerdo de lo que era esto anteriormente, un batiburrillo de pensamientos y sentimientos unidos a novedades del manga y el anime y nuevas tendencias de moda (no sé en qué estaba pensando, de verdad), he preferido borrar todo lo habido y empezar desde cero, desde los comienzos.
Tengo miedo de volver a dejarlo de lado, de volver a caer en la rutina y de volver a callarme todo lo malo y de poner de nuevo una sonrisa para acallar las voces internas que me gritan que debo llorar. Imagino que por aquí conseguiré ponerle voz a esa molestia interna y soltar lastre para que barco de mi alma pueda saguir su viaje sin escollos.
Eso espero, espero reflejar aquí todo lo que siento, espero de una vez por todas salir de ésta.
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determined - Music:Linkin Park
